Emiratos, la “pequeña Esparta” del Golfo tiene grandes ambiciones militares

Publicado el Por Bill Law (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos

 

A Emiratos Árabes Unidos (EAU), un rico Estado petrolero del Golfo, formado por siete emiratos, incluyendo Dubai y Abu Dhabi, le gusta pensar en sí mismo como un país que lo tiene todo, incluyendo un Ministerio de la Felicidad. Como dijo el gobernante de Dubai y el vicepresidente de Emiratos, el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum: "La felicidad nacional no es un deseo. Planes, proyectos, programas e índices informarán a nuestros Ministerios para lograr la felicidad".

La felicidad, por supuesto, significa cosas diferentes para personas diferentes, y mientras sheikh Mohammed ha focalizado sus energías en lograr ‘un Dubai feliz’ y una zona activa para el turismo y los negocios, su contraparte, Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos, emir de Abu Dhabi y comandante supremo de la fuerza de defensa Emiratíes, considera la felicidad como algo más. Para el Jeque Khalifa bin Zayed, un graduado Sandhurst y amante de todas las cosas militares, la felicidad es, citando a los Beatles, un arma caliente.

Eso puede ayudar a explicar el entusiasmo con el cual Emiratos se han lanzado a un número sorprendente de enfrentamientos en la región, y más allá, para el deleite de los militares de Estados Unidos. En 2014, el general estadounidense jubilado James Mattis, ahora Secretario de Defensa de Donald Trump, llamó a los Emiratos Árabes Unidos "la pequeña Esparta", agregando con aprobación: "No sólo están dispuestos a luchar, son grandes guerreros".

 

Nadando con los grandes peces

Los grandes guerreros de Mattis: firmaron muy temprano en la guerra contra el grupo islámico (Daesh) en Siria. La base aérea de Al Dhafra, a unos veinte kilómetros al sur de Abu Dhabi, tiene desplegados a aproximadamente 3.500 militares estadounidenses. La base se ha utilizado en gran medida por los estadounidenses para llevar a cabo bombardeos, y la Fuerza Aérea de los Emiratos ha acumulado un número significativo de ataques aéreos. Según el Washington Post, aparte de Estados Unidos, "los emiratíes han llevado a cabo más misiones contra el Estado Islámico desde que comenzó la guerra aérea que cualquier otro miembro de la coalición internacional".

Los Emiratos Árabes Unidos se han comprometido en gran medida con la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen, tanto en el aire como en el terreno. Las tropas emiratíes fueron usadas para expulsar a las fuerzas rebeldes de Adén y Mukalla en el sur de Yemen. Los emiratíes también han estado ocupados en Libia apoyando al general Khalifa Haftar y en Afganistán apoyando a los estadounidenses.

El último movimiento de Emiratos ha sido firmar acuerdos con Somalilandia y Puntlandia en el Cuerno de África para construir puertos de aguas profundas y una base militar. Los acuerdos, que valen cientos de millones de dólares, dan a los emiratíes una presencia significativa en una región que ya ha visto enormes acumulaciones militares, incluyendo una gigantesca base estadounidense en Djibouti, sin mencionar las fuerzas de Francia, Japón, Alemania, y ahora China. La pequeña Esparta está nadando con los peces grandes.

Los Emiratos Árabes Unidos están armados con el mejor armamento y la tecnología más sofisticada que el dinero puede comprar, pero ¿cómo puede un país con una población nacional de poco más de un millón de personas - aproximadamente el 90% de la población total de 9 millones consiste en expatriados y trabajadores migrantes - tener un botín militar tan contundente?.

 

Canales extraoficiales

En este punto entra en juego un hombre, en una historia que se asemeja a una novela de John LeCarre. Erik Prince es el hermano de Betsy DeVos, la controvertida secretaria de Educación de Donald Trump. También es el fundador de Blackwater, una compañía de soldados mercenarios que se convirtió en infame por los asesinatos brutales de civiles iraquíes en 2007. Prince de deshizo de Blackwater en medio de los crecientes escándalos alrededor de la compañía.

Pero apareció en los Emiratos Árabes Unidos en 2011, y firmó un gran contrato por valor de 529 millones de dólares para proporcionar a Emiratos una fuerza mercenaria capaz de llevar a cabo operaciones especiales y proteger instalaciones esenciales de ataques terroristas.

Prince, quien desde sus días de Blackwater se ha esforzado por mantener un perfil muy bajo, se reunió el 11 de enero en las Seychelles con un ruso cercano a Vladimir Putin. La intención de la reunión era establecer una línea de comunicación extraoficial entre la administración entrante de Trump y los rusos. La reunión fue organizada, según el Washington Post, por los Emiratos Árabes Unidos. Puede ser una reunión que Prince desearía nunca haber tenido, ya que el FBI lo está investigando como parte de una investigación más amplia sobre la interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

Mientras tanto, los emiratíes son tímidos acerca de cuántos mercenarios están luchando en su nombre. Ciertamente, cuando 46 soldados murieron en un ataque con cohetes en el sur de Yemen en 2015, las nacionalidades de todos los que murieron fueron, en el mejor de los casos, opacas en los medios de comunicación emiratíes. Sin embargo, es probable que muchas de las víctimas fueran de América Latina o Eritrea.

Los emiratíes también han comprado los servicios de oficiales australianos jubilados de alto rango para supervisar a la Guardia Presidencial de élite. Como un experto militar dijo: "No sólo compran el mejor equipo, compran talento también".

 

El lado oscuro

Todo esto lo ha logrado la pequeña Esparta del Golfo. Pero hay un lado oscuro, como lo tuvo el militarista y ferozmente autoritario Esparta original. Y es que choca con la imagen brillantemente promovida de un oasis tolerante, turístico y de negocios que los Emiratos, y principalmente Dubai y Abu Dhabi, han proyectado con tanto éxito.

Los Emiratos Árabes Unidos han aplastado implacablemente los derechos humanos en su intento de silenciar la disidencia y acabar con lo que ve como la perniciosa influencia de la Hermandad Musulmana. Con ese fin, decenas de personas han sido sentenciadas a largos períodos de prisión por pruebas que se consideran erróneas, muchas de ellas garantizadas mediante coacción y tortura.

Un destacado académico y economista, el Dr. Naser Al Ghaith, fue condenado a diez años de prisión por criticar al gobierno de Sisi en Egipto, mientras que Ahmed Mansoor, ganador del prestigioso premio Martin Ennals de defensores de los derechos humanos en 2015, fue detenido en marzo y espera juicio por cargos no especificados.
 
Nada de esto parece haber preocupado a los amigos de los Emiratos Árabes Unidos en Occidente. Con las grandes ventas de armas, y un fuerte compromiso con la acción militar conjunta de los Emiratos, su pregunta al parecer es ¿por qué deberían cuestionarlos?.
 
 

Juego duro

Por supuesto, existe la posibilidad de que los Emiratos Árabes Unidos hayan mordido más de lo que pueden masticar. No se necesita mirar más allá de Catar, otro miembro del CCG, para encontrar un precedente. Bajo su entonces primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores, Hamad bin Jassim, Catar se enredó en todo tipo de iniciativas diplomáticas que no podía abarcar.

Hamid bin Jassim (HbJ) fue rápidamente desviado cuando un nuevo emir llegó al poder en 2013. Las ambiciones regionales de Catar se redujeron significativamente, mientras que HbJ se retiró para supervisar sus importantes intereses empresariales en Londres y en otros lugares. Catar salió del primer plano del escenario, con la reputación algo dañada, pero no irremediablemente.

Los emiratíes, por su parte, están jugando duro con armamento de alta tecnología y combatientes de alquiler. La pequeña Esparta ha declarado su preferencia por las bombas sobre las palabras. En una región ya agitada, es un juego peligroso.

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