Trump abre una grieta en la alianza entre Rusia, Irán y Turquía

Publicado el Por Pilar Bonet (author), El País (author)

El presidente de EE UU, Donald Trump, este domingo en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida (fotografía: Reuters)
El presidente de EE UU, Donald Trump, este domingo en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida (fotografía: Reuters)

 

El ataque de Estados Unidos contra la base aérea siria de Shayrat ha puesto a prueba la colaboración coyuntural de Rusia, Irán, aliados del régimen, y de Turquía, que respalda a la oposición, en Siria. Este entendimiento entre Estados con intereses en gran parte dispares adquirió protagonismo mientras la Administración estadounidense estaba todavía bajo los efectos del relevo al frente de la Casa Blanca y Donald Trump no había comenzado a ejercer por cuenta propia en política internacional.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su colega iraní, Hasán Rohaní, han mantenido una conversación telefónica en la que se mostraron dispuestos a profundizar su cooperación contra el terrorismo con el fin de garantizar la estabilidad en el Oriente Próximo, según informó el domingo la página web del Kremlin.

Ambos calificaron la acción de Estados Unidos en Siria como intolerable y contraria al derecho internacional, pero ambos también reconocieron la importancia de seguir colaborando en la “regulación político-diplomática del conflicto militar en Siria" y se manifestaron a favor de una investigación objetiva e imparcial de las circunstancias del ataque con armas químicas que mató a más de 80 personas en la provincia de Idlib, el pasado día 4, que desencadenó la intervención de EEUU, y del que Washington responsabiliza al Gobierno del presidente Bachar el Asad.

El centro de mando conjunto de las tropas aliadas del presidente sirio, Bachar el Asad, en el que se incluyen fuerzas de Rusia, Irán y varias milicias chiíes afectas al régimen, ha advertido a Estados Unidos de que responderán con la fuerza si vuelve a atacar Siria, informa Reuters. "Lo que Estados Unidos ha perpetrado es una agresión contra Siria que cruza las líneas rojas. A partir de ahora responderemos con fuerza a cualquier agresor o cualquier violación de las líneas rojas de quien quiera que sea, y América conoce nuestra capacidad de responder bien", reza el comunicado citado por esta agencia. La nota añade que la presencia de militares de EE UU en el norte del país es ilegal y subraya que eso las convierte en "fuerzas de ocupación". Las fuerzas integradas en dicho mando unificado aseguran que redoblarán el apoyo al ejército sirio como consecuencia del ataque de Estados Unidos.

La conversación entre Putin y Rohaní tuvo lugar por iniciativa del segundo, según la información difundida por el Kremlin. En la página web de la administración rusa no había ninguna indicación de que Putin y su homólogo turco, Recip Tayyip Erdogan, hubieran conversado sobre la situación o se dispusieran a hacerlo.

Rusia, Irán y Turquía, los tres países, que se comprometieron a sentar a la mesa de negociaciones a los líderes militares de la oposición siria con represemtantes del régimen de Damasco, y que auspiciaron las conversaciones de Astaná (Kazajistán), acusan el impacto de los Tomahawk norteamericanos en su relación trilateral y toman posiciones diversas. Por un lado Moscú y Teherán, que condenan la acción norteamericana, se abstienen de juzgar a El Asad antes antes de una investigación formal. Por otro lado, está el presidente turco, quien ha retomado la causa contra el líder sirio, después de reforzar las posiciones militares de Turquía en el interior de Siria, para evitar el fortalecimiento y consolidación de las milicias kurdas a lo largo de la frontera común.

 

Se recrudecen las divergencias sobre el futuro de Bachar el Asad

A fines del año pasado, Erdogan, desbordado por los problemas, parecía haber moderado sus objetivos en Siria y estar más dispuesto a posponer sus exigencias en relación a la continuación de El Asad en su puesto. Ahora, el presidente turco se alinea de nuevo con las posiciones norteamericanas e invita a Moscú a hacer lo mismo. Es decir, a permitir y propiciar la caída del gobierno de El Asad. De momento, Rusia mantiene la defensa del presidente sirio y, aparentemente, no por el aprecio que le tenga a esta figura política, sino por el temor de que lo que venga después de él resulte inmanejable y merme la capacidad de lucha sobre el terreno contra el Estado Islámico.

Moscú teme una situación turbulenta como las vividas por Irak o Libia y nuevas divisiones y fragmentaciones en las filas de la oposición que podrían fortalecer a los islamistas. La circunstancia de que Moscú no protegiera la base de Shayrat ante los Tomahawk norteamericanos indica que el presidente Vladímir Putin no está dispuesto a enfrentarse militarmente con EEUU por Siria ni a utilizar sus baterías de misiles S-300 y S-400 contra los norteamericanos.

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, ha acusado a Rusia de no haber garantizado el acuerdo de 2013 por el cual Siria se comprometía a destruir sus arsenales químicos. Se espera que, durante su próxima visita a Moscú, el jefe de la diplomacia estadounidense presione al Kremlin para que retire su apoyo a El Asad.

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