El despliegue policial impide la protesta en Arabia Saudí

Publicado el Por Ángeles Espinosa/ EL PAÍS (author)

El rey Salman conversa con el heredero de Abu Dhabi, Mohamed Bin Zayed (fotografía: AP)
El rey Salman conversa con el heredero de Abu Dhabi, Mohamed Bin Zayed (fotografía: AP)

 

El despliegue policial ha frustrado este viernes la protesta convocada en Arabia Saudí por activistas y exiliados próximos a los Hermanos Musulmanes “contra la pobreza y el paro”. El inusual llamamiento había tenido gran eco en las redes sociales, a pesar de que ese país prohíbe las manifestaciones y cualquier tipo de crítica a la familia real gobernante. El régimen, que durante la última semana ha detenido a una treintena de personas y animado a denunciar a quien ose cuestionar su autoridad en internet, se ha tomado en serio la cita.


"Patrullas de policía rodean todas y cada una de las mezquitas. Ni siquiera permiten que cuatro o cinco personas mantengan una conversación", relataba a EL PAÍS un activista a primera hora de la tarde. Numerosos vídeos compartidos en las redes muestran convoyes de coches de la policía en diferentes ciudades del país. Los partidarios del Gobierno, por su parte, celebraban el resultado. "Las argucias de los traidores han fracasado. Nuestro país disfruta de paz y estabilidad", tuiteaba un usuario que se identifica como Saleh al Fawaz y cuyo perfil parece genuino en medio de numerosas cuentas sospechosas.


En la mezquita central de Riad, que los organizadores habían señalado como un potencial punto de concentración, el imam advirtió a los asistentes contra la protesta. “Todos los grupos que salgan hoy y llamen a la acción política o aspiren a gobernar, están equivocados, son grupos desviados encabezados por los Hermanos Musulmanes”, ha dicho el clérigo según la agencia Reuters. Ese grupo islamista de carácter político-religioso plantea el principal desafío a la legitimidad de las monarquías árabes y está en la raíz del enfrentamiento que Arabia Saudí y sus aliados mantienen con Qatar.

“El ambiente es tenso. Hay agentes por todas partes. Incluso las entradas de los centros comerciales están flanqueadas por dos coches patrulla con las sirenas encendidas”, confía una profesora saudí que se ha atrevido a dar una vuelta por la capital para curiosear. En su opinión, existen en el país motivos para la queja, pero dice que la presión del aparato de seguridad no deja resquicios para expresarse.

El régimen saudí considera ilegal cualquier tipo de manifestaciones. Lo recordó el gran muftí, el jeque Abdulaziz Bin Abdalá al Sheij, en vísperas de la convocatoria. En una intervención en un popular programa de televisión dijo que está prohibido protestar contra el gobernante. Su mensaje mencionaba directamente la cita de hoy y tachaba a quienes la apoyan de “partidarios de la sedición”, un delito castigado con la pena capital. De ahí que el mero desafío suscitara el interés de los observadores, en especial en un momento en que la familia real trata de introducir cambios en la gestión del país.

“Queremos libertad de expresión desde la perspectiva islámica, la liberación de los presos políticos y que se creen puestos de trabajo en lugar de entregarle 110.000 millones de dólares a Trump para que proteja el trono de los Al Saud”, explicó de antemano a EL PAÍS un activista del Movimiento 15 de Septiembre en referencia al contrato de armas que el presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó durante su visita a Arabia Saudí. Riad niega tener presos políticos aunque sus portavoces defienden la necesidad de vigilar a los activistas para mantener la estabilidad.

El interlocutor, un profesional de mediana edad, al que este periódico llegó a través de uno de los opositores exiliados que desde Londres ha promovido la protesta, aseguraba encontrarse en Riad. Dado que la conexión se hizo vía VPN (red virtual), resultaba imposible verificar su localización. No obstante, su discurso es consistente con las quejas que desde hace varias semanas se repiten en las redes sociales bajo la etiqueta #حراك_١٥_سبتمبر (#Movimiento_15_Septiembre).

“El nombre no tiene ninguna significación especial. Es solo la fecha elegida para la convocatoria”, aclara. Aunque admite que cuenta con el respaldo de los opositores fuera del país, en especial en Londres, asegura que la idea de una protesta en la calle surgió de los activistas de dentro “en las redes sociales, especialmente Twitter”. A falta de otros foros donde poder expresarse con libertad, internet se ha convertido en la plaza pública saudí, con un índice de penetración y actividad entre los más altos del mundo.

Los precedentes no eran halagüeños. Cuando en marzo de 2011, al hilo de la primavera árabe, se convocó una acción similar, sólo un manifestante se atrevió a quejarse ante un puñado de periodistas y un imponente despliegue policial. El hombre fue detenido, juzgado por un tribunal antiterrorista y no quedó en libertad hasta julio del año siguiente. Desde entonces, ha habido protestas muy localizadas en la Provincia Oriental, donde la minoría chií del país se queja de su marginación y reclama igualdad de derechos.

“Incluso quienes han hecho el llamamiento saben que de lo difícil que es que la gente se manifieste en Arabia Saudí, pero es un mensaje al Gobierno, un signo de descontento”, señaló a EL PAÍS Ali Adubisi, director de la Organización Europeo-Saudí por los Derechos Humanos. En su opinión, lo más grave es que “no hay voluntad para responder con reformas, ni mentalidad de respeto de los derechos humanos”.

Aun así, las autoridades no han corrido riesgos. En la última semana, una treintena de intelectuales, periodistas y clérigos críticos han sido detenidos, de acuerdo con activistas de los derechos humanos, aunque no ha habido un anuncio oficial al respecto. Entre los detenidos, destaca el popular clérigo islamista Salmán al Awdah, pero otros son liberales o carecen de vínculos conocidos con la oposición. Lo único que parece unirles es su gran número de seguidores en las redes sociales y no haberse alineado sin fisuras contra Qatar, al que Arabia Saudí trata de aislar desde el pasado junio.

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